domingo, 15 de enero de 2017

Querido Amigo,


Has llegado al lugar correcto, en el momento indicado, ya que aquí aprenderás la única manera natural para poder combatir la adicción que tanto mal te ha estado haciendo.

Mi nombre es Andrés Kelly, y he sido consumidor de marihuana por casi 10 años. He pasado por momentos horribles y he llegado a hacer cosas de las cuales me arrepiento día tras día.

Mi comienzo con la droga fue similar al de muchos otros jóvenes. Todos mis amigos consumían y no quería quedarme fuera de ello. Así fue como probé la marihuana. Las primeras veces parecía divertido, ya que todos reíamos y hablábamos cosas sin sentido.

Fumaba casi todos los fines de semana, creía tener la situación controlada. Poco a poco, empecé a fumar más seguido, al igual que mis amigos. Ya no sólo nos juntábamos a fumar los fines de semana, sino que comenzamos a hacerlo casi todos los días.

Ya no teníamos el control de la droga, sino que ella nos controlaba a nosotros.

En un momento dejé de prestarle atención a todas las demás cuestiones de mi vida, sólo me importaba fumar. Tenía una novia hermosa, que me quería mucho, pero no pudo soportar mi nuevo estilo de vida, así que decidió abandonarme. Descuidé mis estudios. Ya no iba a clase, y cuando lo hacía, estaba tan drogado que no podía prestarle atención a una sola palabra de lo que me decían. Estaba perdido.

Había empezado a trabajar con un amigo de mi padre, ayudándolo en su fábrica con tareas administrativas, para así poder juntar dinero para pagar mis estudios. Terminé defraudándolo de la peor manera posible.

La Marihuana ocupaba el lugar más importante dentro de mi vida. Desde que me levantaba, hasta que me acostaba pensaba en ella. Mis amigos se encontraban en una situación similar a la mía, pero yo estaba fuera de control.



El dinero no me alcanzaba para poder pagar mis estudios y a la vez comprar marihuana. Por eso lo primero que hice fue dejar de estudiar. Le mentí a mi familia por casi 6 meses. Me iba todas las mañanas de mi casa como si estuviese yendo a la Universidad, cuando en realidad estaba haciendo algo mucho más terrible y autodestructivo.

La droga parecía no alcanzar, el dinero parecía no alcanzar. Comencé a vender mis pertenencias para poder pagar “mis deudas”. Todavía me arrepiento de la cantidad de cosas de las que me deshice para poder comprar marihuana. Tantas cosas con un significado especial, tantos recuerdos. Claramente no estaba en mis cabales cuando hice todas esas locuras.

Cuando ya no me quedaron más cosas de valor para vender, comencé a robar. Robaba a mi hermana, a mis padres y también en mi trabajo (cuando no faltaba). Un día, el amigo de mi padre (mi jefe) me sorprendió tomando su dinero. Fue lo peor que pudo haberme sucedido. Pasé una vergüenza horrorosa. Decidió no contarle a mi padre, pero me dijo que ya no podría seguir trabajando allí.




La marihuana no sólo crea adicción física debido a las toxinas que posee, sino que la adicción más fuerte que genera esta droga en los consumidores es la adicción psicológica.

Mucha gente se cree capaz de poder renunciar a este vicio sin tener mayores problemas. Eso lo pueden decir ya que nunca lo han intentado, ni lo piensan hacer tampoco.

Este método de autoengaño sólo justifica el consumo indiscriminado de marihuana ya que “si lo deseo, puedo dejar de fumar de un día para otro”.

La marihuana crea dependencia física dentro del cuerpo, lo que termina provocando el deseo de consumir cada vez más y más hierba.

Así pasé algunos meses de consumo indiscriminado de marihuana, con mis amigos de siempre, y también con gente nueva que había conocido. Me encontraba en un estado de inconsciencia constante, una situación más que lamentable.

Todo este mundo de sombras y adicción llegó a su fin el día 5 de febrero de 2011. Jamás podré olvidar esa fecha. Nos encontrábamos en la casa de Pablo, uno de mis mejores amigos desde mi infancia. Estábamos todos drogados como de costumbre y decidimos ir a una discoteca. Ese fue el último recuerdo lúcido que tuve.

Desperté 10 horas después, en la cama de un hospital. Habíamos tenido un accidente automovilístico. Dos de mis mejores amigos murieron, y otros dos estaban muy graves. Estuve en el hospital casi 1 semana, ya que me había fracturado una pierna y tenía golpes severos en el cráneo.

Este episodio hizo un quiebre en mi vida. Lamentablemente tuvo que suceder algo tan terrible para que pudiera “abrir los ojos”. Sabía que mi vida debía cambiar. Esto no podía seguir así.

La semana en el hospital me sirvió para poder pensar, y pensé mucho. Decidí contarles TODO a mis padres. No podían creer lo que estaban escuchando. Es increíble cómo no podían ver todo lo que estaba pasando en mi vida, o quizás era que no querían verlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario